domingo, 14 de abril de 2013

El Libro Blanco [Prólogo].

—Catorce... — la voz grave de Magnus se escuchaba agitada y excitada, la luz de las antorchas hacía brillar el sudor de su piel y la sangre fresca regada en el lugar. —Sólo uno más.


La mujer se encontraba atada de pies y manos, amordazada, las sustancias de los hongos de jardín aún estaban haciendo efecto, con cuidado la desató, y casi con ternura la levantó en brazos, la colocó en la mesa central y la observó durante un momento, la brisa marina que entraba por el ventanal inundaba con olor a sal el ambiente, Magnus suspiró, miró con cuidado el libro blanco, perfecto, brillante, parecía que tenía vida, entonces recitó las palabras, casi era un susurro, levantó el cuchillo y lo clavó con fuerza bajo la barbilla de la víctima... estaba hecho.


La puerta se abrió de inmediato y la guardia de la ciudad invadió aquel enorme salón. —Magnus...— la voz del comandante era aún más grave que la del asesino, sonaba cansada y con aire de tristeza mientras en su mano derecha sostenía su poderosa espada —...así que es cierto—.

Una cortante sonrisa se dibujó en el rostro de Magnus, la luz del fuego iluminaba el noble perfil del asesino, sus profundos ojos azules no dejaban de observar a los del comandante. —Vermeen... cuanto tiempo sin verte. — Habían sido grandes amigos en la infancia, aprendieron a usar espada, arco y lanza juntos, codo a codo, incluso se embriagaron juntos por primera vez en la adolescencia, pero eran tan distintos, Fedor Vermeen era un joven justo y leal, demasiado acostumbrado a recibir órdenes para el gusto de Magnus, quien era más fiero, agresivo y temperamental, ambos habían conseguido alcanzar la gloria a su manera, Vermeen entrenando en la guardia de la ciudad hasta que, gracias a sus habilidades y disciplina, se convirtió en comandante, Magnus vendió su espada en tierras extranjeras, amasó una gran fortuna luchando como mercenario en lejanos reinos, su amistad terminó el día en que Magnus traicionó a su nación y combatió en la batalla de puente dorado ante el ejército de la ciudad donde Vermeen servía como caballero. Varios años después, Magnus regresó, sin una sola cicatriz en su cuerpo, algo por demás extraño para alguien que combatía durante veinte de cada treinta días, no tardó en hacerse con misteriosa facilidad de un enorme castillo a las orillas del mar y en muy poco tiempo se volvió rico y poderoso, mucha gente entraba a su servicio y de inmediato se ganó el respeto y miedo del pueblo. —¿Qué es lo que haces aquí?—.

Vermeen observó con asco a su alrededor, sangre y trozos de carne humana formaban parte del grotesco espectáculo. —Tenía la esperanza que los rumores no fueran ciertos, eres un animal. —.

—¿Qué somos los seres humanos si no animales un poco menos idiotas que los demás?— La sonrisa adornada por aquella espesa barba seguía cortando como un cuchillo.

—Me negué a aceptar lo que la gente decía, sé que eres un idiota pero no pensé que fueras un enfermo, ahora se te acusará de casi diez desapariciones.
—¿Sólo diez? Sorpresa, sorpresa... en realidad a tu alrededor puedes ver los restos de quince personas, ¿No es hermoso?— la burla en el tono de su voz resultaba un insulto para Verdeem. —Pero sonríe amigo, esto ha sido por un bien mayor.

—Lo que has hecho no tiene perdón, te colgarán, no podrás escapar.— el comandante levantó la mano derecha, señal para sus subordinados de que debían mantener su posición sin interferir en el inminente combate que estaba a punto de suceder.
 
Una hueca risa inundó el gran salón mientras Magnus desenvainaba su espada. —Hay que averiguarlo. —.

Verdeem se lanzó sobre él, la guardia se limitó a mantener la formación rodeando a los guerreros que hacían chocar su acero una y otra vez, en muchas ocasiones habían combatido en prácticas cuando eran jóvenes, Magnus ganaba casi siempre y Verdeem sólo se limitaba a decir —"Algún día te venceré, amigo".— pero ahora ya no eran amigos. Las espadas se besaron una vez más, Magnus hizo un movimiento arriesgado y logró hacer un corte en el costado de su oponente, pero se necesitaba mucho más que eso para derrotar al poderoso comandante que respondió con una patada al muslo haciendo a Magnus perder el equilibrio, la estocada fue esquivada por muy poco cuando el asesino giró en el piso y se colocó en posición de nueva cuenta.

—Has mejorado mucho, mi viejo amigo.—

—No soy tu amigo... — el comandante arremetió de nueva cuenta y el sonido del acero volvió a azotar en las paredes de la gran cámara. Parecieron siglos los que ambos guerreros hicieron chochar sus espadas en un memorable combate, los soldados ya habían perdido su posición, fascinados por tan grandioso espectáculo se limitaban a sonreír con admiración y compartir comentarios llenos de efusividad. Magnus recuperó fuerzas y con un segundo aire empezó a lanzar estocadas potentes que Verdeem pudo esquivar con escasos milímetros, varios cortes se dibujaron en su rostro y cuerpo pero jamás dobló la rodilla, los soldados empezaron sentirse preocupados pues su comandante parecía a punto de perder y el aliento de todos se ahogó cuando la espada de Verdeem salió volando hacia un costado, Magnus lo había desarmado.

—Se acabó...— sonrió Magnus y lanzó una estocada directo al pecho del comandante quien, valientemente, detuvo la espada con ambas manos cortando profundamente sus palmas, el asesino no esperaba aquel movimiento y observó atónito el rostro congestionado de Verdeem, los soldados gritaron de emoción y animaron a su líder que, sólo él, era capaz de hacer algo así, el comandante levantó una pierna y pateó a Magnus en el vientre, le arrebató la espada y en un movimiento audaz tomó el control del arma, giró e impactó justo a la mitad de la cabeza de su oponente, la oreja se partió al igual que la mejilla y la sangre corrió a través de la espada, de repente, los alaridos de la guardia cesaron, el silencio invadió el gran salón poco a poco hasta que el único sonido que se escuchó fue el de la risa de Magnus, una risa de satisfacción y victoria. Los guardias se miraron unos a otros sin saber que era lo que sucedía, Verdeem estaba impactado, soltó la espada y retrocedió mientras Magnus carcajeaba. —Por fin, por fin pudiste vencerme querido amigo.— con una mano se limpió la sangre que chorreaba de forma exagerada de su mejilla, miró a su alrededor y dijo —Me encantaría quedarme aquí y explicarles la situación pero, tengo que irme. —. Corrió hacia la mesa de sacrificios y tomó su libro blanco, se acercó al ventanal que daba al mar y miró por última vez al comandante Verdeem, pareció que diría algo más pero sólo se limitó a sonreír de nueva cuenta y se arrojó al vacío.

2 comentarios:

  1. Me parece, sin miedo a decirlo, que este prologo es el mejor prologo que he leído en la historia, dios, se me erizó la piel con solo imaginar lo que viene, todo es perfecto querido compañeros, el escenario, los nombres, la época, el titulo, los personajes, todo. Solo tu sabes usar el morbo a tu favor, dándole ese toque que solo Aeron maneja con tanta facilidad, eres un genio amigo, lo sé, lo sabes, lo sabe todo el mundo, ojalá lo aprovecharas más, porque con solo unas cuantas lineas estoy convencida de que podría leer una saga completa de esta historia que promete y mucho, saludos, espero no tardes 4553 años en sacar el primer capitulo, ya lo espero con ansias, te has ganado mi respeto, ;)

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  2. Cuando creo que ya has llegado a ser mejor, cada día demuestras que puedes y mucho mas, FELICIDADES ;)

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