Una sala a media luz, durante una tarde lluviosa, un niño observa a sus padres esperando una respuesta al extraño cuestionamiento que hizo.
— Hijo, ¿De dónde has sacado esa pregunta? — indaga el padre.
— De ningún lado, sólo se me ha ocurrido, ¿hay algo de malo en eso? —
— No, pero es una situación extraña, mi amor, la verdad es que no sé cómo responderte.— la madre parecía bastante confusa con la pregunta.
El niño, de nombre Pablo, tenía sólo nueve años y era demasiado curioso. Sus padres estaban acostumbrados a escuchar dudas extrañas de su parte, desde preguntas sobre fantasmas hasta dudas sobre sexualidad, las extrañas e inquietantes ideas del niño eran muy comunes para ellos, sin embargo, en aquella ocasión la sencillez de la pregunta contrastaba con lo amplia que parecía la respuesta de la misma: "¿Cuál es el sentido de la vida?", había cuestionado a sus padres el pequeño Pablo, estos sonrieron y luego pensaron como responderle sin poder encontrar una palabra para eso.
— El sentido de la vida es ser feliz, Pablo. — dijo la madre creyendo haber hallado la respuesta correcta — A lo largo de tu vida vas a tener muchos momentos, algunos tristes y otros felices, tu meta es hacer que sean mayoría los momentos de alegría.—
— Hasta el día de mi muerte... — complementó el niño la respuesta de su madre, quien sólo se quedó mirándolo y asintió con la cabeza.
— Verás, hijo — el padre tomaba la palabra — la vida de todos nosotros consiste en nacer, crecer y desarrollarnos de acuerdo al entorno, ser alguien respetable, cumplir las normas y mantener un orden en nosotros mismos, ayudar a nuestros seres queridos, enamorarte, sufrir decepciones, llorar de tristeza y llorar de emoción. Tú debes hacer placentero todo momento desde que naces. —
— Hasta el día en que muera... —
— Pues... sí, todos morimos, hijo. Tarde o temprano nos llegará ese inevitable destino. — el padre se empezaba a sentir acorralado.
— Pero antes, — irrumpió la madre — debes disfrutar el tiempo que tienes de vida, hay un sin fin de actividades que te van a mantener distraído, encuentras hobbies y retos que te harán sentirte vivo y animado todo el tiempo.—
— Hasta el día de mi muerte, ¿cierto? — Los padres se miraron entre si y no dijeron nada.— Entonces, todo esto que está sucediendo, ¿Sólo es un camino del vientre a la tumba?—
— Hijo, no debes verlo así, la vida abarca muchas cosas. Aún eres muy pequeño, algún día vas a crecer, vas a culminar tus estudios, trabajarás y te casarás, tendrás hijos y así el ciclo de la vida se repetirá, pues tu pasarás a tomar nuestro papel y tus hijos ocuparán el que actualmente tienes tú. — dijo el padre con optimismo.
— ¿Pero cuál es el sentido de todas esas cosas, de ese ciclo? No existe una finalidad, sólo hacer placentero el camino hacia el inevitable final que todos tendremos. Ustedes algún día morirán, luego yo moriré, mis hijos morirán y los hijos de mis hijos morirán. ¿No es cómo caminar en círculos? ¿Porqué se disfruta de un ciclo sin fin? — Pablo ponía cada vez más difícil la situación a sus padres.
— Entiendo lo que dices, aunque honestamente no me gusta como suena, deja de pensar en eso hijo, por favor. — pidió solemnemente el padre, que ya empezaba a sentir cierto dolor en su cabeza.
Pablo, inconforme con la respuesta recibida, tomó camino a su habitación, los padres se habían quedado reflexivos, durante un par de horas permanecieron en silencio sin mirarse el uno al otro, inmersos en la duda generada por un pequeño niño curioso, finalmente, la madre rompió el silencio.
— Tiene razón. — fue lo único que dijo, se puso de pie y se alejó.
— ¿A dónde vas? — preguntó el padre.
— Quiero dormir, no quiero pensar más, creo que me he estresado un poco con las preguntas de este niño, tomaré una de mis píldoras. — se dibujó una tímida sonrisa en sus labios y continuó con rumbo a la habitación.
— Tiene razón... — dijo el padre en voz alta, se recargó en el sofá y se llevó las manos al rostro con desesperación. Unos minutos después, la madre regresó.
— ¿Has visto mi frasco? — preguntó.
— Estaba en el buró. —
— Lo sé, pero... — dijo la madre mientras abría la puerta del cuarto de Pablo y gritaba sin poder terminar lo que estaba diciendo.
— ¿Qué sucede? — preguntó el padre que se levantó rápidamente y acudió al grito de su esposa, pero, al entrar a la alcoba, no necesitó respuesta. Estaba su hijo tirado en el suelo, asfixiado con una bolsa de plástico en la cabeza, y el frasco de píldoras de su madre completamente vacío y tirado cerca de él. El padre se sintió desvanecer mientras la esposa llamaba a emergencias; era tarde, el niño parecía llevar mucho tiempo muerto. Sobre la cama había una nota:
Mamá y Papá:
No se culpen ni se preocupen, todo estará bien. Lo único que he hecho es ahorrar camino hacia el inevitable destino. No me interesa qué tantos momentos alegres pude haber vivido, no sé si habría sido lo suficientemente fuerte para afrontar los amargos ratos que me hubieran tocado, prefiero ahorrarme todo eso. Al menos yo, terminé lo mío pronto y salí del ciclo.
Los quiero.
— Cuelga teléfono, — dijo el padre a la madre — tú misma lo has dicho, él tenía razón.
— ¿Y qué vamos a hacer? ¡Nuestro hijo está muerto! — entre lágrimas y gritos, la madre se lamentó.
— ¡Lo sé y también me duele! — gritó el padre tratando de ahogar el llanto, respiró un par de veces y, con voz quebradiza, dijo: — Trae otro frasco de tus píldoras... él tenía razón.—

Señor Aeron, creo profundamente que usted esta íntimamente ligado con ese personaje del niño,supongo que tiene las mismas ideas con respecto a la vida.
ResponderEliminarConsidero que el final es demasiado trajico, ademas que has matado a un niño ¬¬ (cruel) pues supongo que es un buen analisis de las creencias de la razon de la vida, me ha gustado la historia aunque hubiera preferido otro final menos crudo :(