—¿Sigue ahí?— preguntó Luca con temor.
—Así es, aún sigue sin moverse.— la voz de Bruno parecía intranquila.
Escondidos detrás de una enorme roca, Bruno y Luca eran los últimos supervivientes de un pequeño escuadrón de quince guerreros enviados a derrotar al gigante Bork. Después de atravesar un inmenso lago lleno de bestias y superar la altitud de una escabrosa montaña, sus compañeros habían caído víctimas de criaturas salvajes, frío y hambre, al llegar a la guarida de Bork ellos sabían que dos serían insuficientes para asesinar al poderoso gigante, aunque habían logrado traer consigo algunas armas de sus hermanos caídos en el camino, la misión parecía imposible.
—Así es, aún sigue sin moverse.— la voz de Bruno parecía intranquila.
Escondidos detrás de una enorme roca, Bruno y Luca eran los últimos supervivientes de un pequeño escuadrón de quince guerreros enviados a derrotar al gigante Bork. Después de atravesar un inmenso lago lleno de bestias y superar la altitud de una escabrosa montaña, sus compañeros habían caído víctimas de criaturas salvajes, frío y hambre, al llegar a la guarida de Bork ellos sabían que dos serían insuficientes para asesinar al poderoso gigante, aunque habían logrado traer consigo algunas armas de sus hermanos caídos en el camino, la misión parecía imposible.
—Debemos volver, el senado entenderá la situación y nos enviarán de regreso con más víveres y acompañantes, entonces será sencillo destruir a Bork.— propuso Luca.
—No, si volvemos con las manos vacías, nos condenarán por cobardes y terminaremos sirviendo de esclavos a alguno de esos patanes, esa no es vida para mi.— Bruno no estaba dispuesto a marcharse sin luchar.
—¿Estás loco, Bruno? Ese gigante nos supera a ambos en estatura y mira esos brazos, son como dos enormes troncos... un golpe de él bastará para destruirte todos los huesos.—
—Pero es muy lento, tenemos la ventaja de nuestra velocidad, quizá si atacamos por distintos flancos se confunda y logre acertar en su cuello una de mis flechas, entonces él se asustará y tú le darás la estocada final directo en la nuca con el martillo que dejó Crosso.—
—Es un monstruo, no lograrás acertar en su cuello ni de broma y cuando estés cerca de él te pegará una patada tan fuerte que irás a caer a los pies de tu madre directo en Roma, no tendrás tiempo de sacar la espada.—
—Entonces podríamos tomar el escudo gigante de Lucio, tú lo sostienes a modo de barricada mientras yo le disparo una flechas detrás de ti, cuando estemos cerca de él ambos sacamos las espadas y las encajamos en su vientre, ni siquiera sabrá que le pegó.— Bruno era optimista.
—Jamás funcionará, cuando nos vea correrá hacia nosotros, ni con cinco escudos podré soportar una embestida de ese gigante y ambos caeremos al piso. Cuando intentes sacar tu espada, seguro tu cráneo estará hecho polvo en el suelo.—
Bruno continuó pensando —Lancemos una roca directo a su cabeza, utilizando la mini catapulta de Otto, eso seguro lo mata o, al menos, lo desmayará para que podamos darle el toque final con las espadas.—
—No, las rocas que lanza esa mini catapulta son demasiado pequeñas, sólo lograrás enfurecerlo más y su ataque será aún más brutal, tus sesos terminarán siendo su cena de esta noche.— Luca no parecía conformarse con nada.
—Toma el hacha de Giron, yo te lo distraeré unos metros más lejos de esta roca, cuando corra hacía mi, tú lo atacas directo a los tobillos, cuando esté en el suelo sin poder levantarse podremos asesinarlo con facilidad.—
—El peor plan de todos, ¿Olvidas que es un gigante? No caerá... y si logro derribarlo, cuando esté en el piso usará sus largos brazos para atraparme y me arrebatará el hacha, entonces te partirá en dos como si fueras un simple pedazo de cordero. —
Harto de la negativa de Luca, Bruno tomó su espada corta y se la encajó en el cuello, la sangre empezó a emanar desde la boca de su compañero de misión mientras el moribundo intentaba hilar palabras sin conseguirlo, Bruno sacó la espada encajada en el cuello de Luca y dijo —Perdón, hermano.— fueron las últimas palabras que Luca pudo escuchar, y murió.
Al llegar al río Estige, el pobre Luca carecía de las dos monedas que Caronte pedía a cambio de ayudarle a cruzar. —¿Cómo es que pasaron mis otros compañeros de misión?— preguntó al barquero, pero antes de escuchar la respuesta, Bruno apareció detrás de él. —¡Hijo de perra!— exclamó —¿Por qué has hecho eso? No tenías derecho.—
—No he tenido opción, no parabas de quejarte de mis ideas.— dijo Bruno.
—Bueno, al final tuve razón... mírate, estás aquí.—
—Sí, lo sé.—
—¿Bork te mató?—
—Sí, lo último que recuerdo es sentir sus poderosas manos arrancándome los brazos y ver la planta de su enorme pie antes de pisarme la cara y aplastar mi cabeza.— curiosamente, Bruno no parecía enfadado o triste.
—Bueno, debes arrepentirte mucho.— Luca quería que Bruno se disculpara con él y aceptara que tenía razón.
—Jamás me arrepentiré, arrojé una piedra directo a la cabeza de Bork, como dijiste, se enfureció y al verme, corrió hacia a mi lleno de ira, entonces le lancé varias de mis flechas que se encajaron en sus muslos y su pecho, la bestia es tan poderosa que no se detenía ni se inmutaba ante el daño que le provocaba, entonces tomé el hacha y la lancé hacia sus piernas esperando que trastabillara pero ese monstruo es mucho más ágil de lo que creí, pues la esquivó y siguió avanzando hacia mí, pensé en huir, pero habría sido presa fácil de tan majestuosa criatura, entonces decidí esperarlo con la espada en mano, maldición, debiste ver el terror en su rostro cuando se dio cuenta que no escapaba, por un momento pareció que yo era el gigante y él un simple animal, entonces tomé la ofensiva y lo ataqué, esquivó tres de mis estocadas hasta que pude hacerle un enorme corte en uno de sus costados, desafortunadamente uno de sus pies me dio una patada de frente justo en el estómago, el aire salió de mis pulmones rápidamente y, como dijiste, todos mis huesos se rompieron, caí mirando al cielo sintiendo el dolor más grande de toda mi vida, Bork se acercó a mí y me arrancó los brazos como si de simple papel se tratara y, finalmente, aplastó mi cabeza con un pisotón.— Bruno dejó salir una risa mezclada con emoción y satisfacción.
—Si me hubieras escuchado, los dos seguiríamos con vida.— reclamó Luca.
—¿Eres imbécil? Si trece de quince guerreros murieron en el camino a la guarida del gigante, ¿Crees acaso que sólo dos habrían logrado atravesar de nuevo ese infierno? Habríamos muerto de cualquier manera, y estaríamos aquí, en este mismo lugar hablando y pensado en "¿Qué hubiera pasado si hubiéramos enfrentado a Bork?".— Bruno abrió los brazos —De cualquier manera íbamos a morir, al menos yo no quise hacerlo con la duda acerca de cómo sería luchar contra ese gigante.—
Luca agachó la cabeza y admitió que, por esta ocasión, Bruno tenía razón —No hay nada más horrible y deshonroso que morir en medio de la duda— atinó a decir.
—Y no hay nada más satisfactorio y glorioso que terminar con aquello que no te permite actuar con decisión.— Bruno rió escandalosamente ante la mirada incómoda de Luca —Ahora pensemos ¿Cómo vamos a pagarle al barquero?—

Me recuerda tanto a mis preciadas historias griegas, me atrevo a señalar que es una alegoría, no es asi?, es genial, ese Luca ¬¬ seguro yo tambien lo abria matado, me desesperó mucho, mas terco que una mula XD fue genial el final :) sin duda de las mejores ehh, (lo bueno que no tenias inspiración) BIEN!!
ResponderEliminarNo olvidas la imagen perturbadora nunca? verdad XD
ResponderEliminarEs que es el pan de cada día perturbarte, Katerina.
Eliminar¡Gracias por el comentario!
(: