sábado, 26 de mayo de 2012

El Supervillano.

Con una sonrisa en los labios y las manos cerradas en puños, Cuervo observa fijamente su obra maestra, la máquina definitiva, el instrumento con el que por fin conseguiría su objetivo.

—Ha llegado el momento, por fin, mi destino se cumplirá, sólo debo presionar este....— un estruendo enorme invadió la habitación interrumpiendo el ritual del Supervillano.

—¡Cuervo!— dijo  Rexman destruyendo el techo de aquella guarida secreta. —¡No voy a permitir que continúes con tus locuras!—


Cuervo lo observó, con aquella mirada fría y calculadora, carente de sentimiento alguno. —¿Y cómo vas a detenerme?—

Sin responder, Rexman se lanzó sobre él con un tornado de golpes a velocidad supersónica, inmovilizó a Cuervo y lo amarró a una silla para interrogarlo, sin que él pudiera hacer nada para defenderse.

—Y ahora, ¿qué demonios estás haciendo?— preguntó Rexman mirando la extraña máquina que destellaba luces por toda la guarida.

—Mi obra maestra, Rexman, ¿ves ese botón negro? Sólo debo presionarlo y... ¡BOOM! ¡Este asqueroso planeta estallará!— una risa demencial acompañó la frase de Cuervo.

—Eres un monstruo, ¿y qué ibas a hacer cuando este mundo fuera destruido? ¿pensabas huir?—

—Claro que no, no me interesa vivir, sólo quiero eliminar de una vez por todas a esta escoria de planeta.— Cuervo seguía riendo sin control.

—Estás enfermo, Cuervo, tus fechorías han ido demasiado lejos, es momento de ponerle punto final a todo esto, voy a hacerte probar el puño de la justicia.— amenazó Rexman.

—¿Justicia dices?— las risas de Cuervo siguieron y luego se detuvieron de golpe cambiando a un semblante mucho más serio. —Por favor Rexman, esta no es justicia, es la maldita ley de la jungla, siempre vienes tú con tus poderes y tu super fuerza a sabotear mis planes que llevan meses de logística, pensados hasta en el más mínimo detalle, vienes con tu velocidad a detener mis avances tecnológicos, vienes con tu estúpido físico a desplazar mi superior intelecto. En ninguna civilización moderna se le permite mayor desarrollo a la fuerza bruta que al coeficiente intelectual, eso no es justicia, idiota.— un tremendo golpe en el rostro de Cuervo lo hizo guardar silencio.

—Cada uno de esos planes han sido diseñados para causar daño, ¿es que eres idiota?— las venas en el cuello de Rexman parecían a punto de estallar.

Cuervo volvió a dejar escuchar aquella hueca risa —¡Estúpido! Eres más cabeza hueca de lo que pensé, ¡Estúpido!— siguió riendo. —¿Qué te hace pensar que tú eres el "bueno" en esta historia?— Rexman se acercó de nueva cuenta a él y amagó con golpearlo otra vez, pero Cuervo siguió hablando. — Septiembre 2005, evitaste un asalto al banco "Alas de Hierro" justo cuando ya había logrado sacar la mitad del botín, me arrestaron y tú fuiste el héroe, ¿lo recuerdas?—

—Sí, lo recuerdo.—respondió Rexman.

—Dos años después, ese banco despojó de su hogar a más de doscientas familias endeudadas.— la risa de Cuervo cada vez era más macabra —Junio de 2008, salvaste un camión de estudiantes de bachillerato de caer al acantilado porque yo arruiné los frenos por pura diversión, ¿también recuerdas eso?— Rexman sólo asintió —Bueno, entre aquel grupo de estudiantes iba Leonardo Tévez, el mismo que hace un par de meses fue sentenciado por violar y matar a más de diez menores de edad en la ciudad.—

—Eso... es... imposible.— Rexman parecía anonadado.

—Agosto de 2009, evitaste un ataque a la base militar del norte cuando logré redirigir uno de sus misiles de prueba directo contra el centro de operaciones, supongo que no lo has olvidado.— Cuervo miró fijamente a Rexman.

—No, no lo he olvidado...— respondió.

—Un año después, el escuadrón alojado ahí fue parte de la intervención africana, esa misma que ha costado hasta el momento más de veinte mil vidas y que tiene a medio continente damnificado. ¡Vaya justiciero tenemos aquí!— la ironía abundaba en la voz de cuervo, mientras el sudor se derramaba por la frente de Rexman —Diciembre 2009, instauré una potente bomba en cada una de las iglesias de la ciudad y tú, como siempre, en base a tu estupidez y con mucha suerte, desarticulaste el punto central de control y evitaste así que pudiera lograr mi objetivo, también lo recuerdas ¿verdad, perro?—

Rexman golpeó nuevamente a Cuervo directamente en la quijada al sentirse insultado. —Claro que lo recuerdo, estúpido.—

Cuervo no paraba de reír —Hoy hay casi una docena de sacerdotes, que oficiaban en esas iglesias, bajo investigación de pederastia, ¿estás contento con eso?— el rostro de Rexman se llenaba de asco y remordimiento. —Y aún no te he recordado tu obra maestra, ¿A cuántos políticos has salvado de mis atentados? ¿Cuántos presidentes, diputados y senadores? Esos mismos que con su corrupción han saqueado a la ciudad de sus riquezas, han aprobado leyes para aumentar los impuestos y han violado tantos derechos que los ciudadanos han sido reducidos a poco más que animales, dime Rexman ¿Eso te parece justicia? ¿En verdad eres tú el "bueno"? Indirectamente has hecho mucho más daño del que yo podría soñar, ¿Qué se siente ser un supervillano?— preguntó Cuervo con tono burlón.

Rexman permaneció unos instantes con los ojos cerrados y la cabeza baja, alzó la mirada, vacía, sin sentimientos, decepcionada, y dijo —¿Cuál es el botón que debo presionar?—

4 comentarios:

  1. Vaya vaya, buen relato, entiendo tu punto, me recuerda a una fabula, donde trata de decir que cambiar el rumbo de las cosas aunque parezca que se hace el bien seria algo fatal.

    Eso entiendo yo, aunque hay varias cosas que tambien quieres dar a conocer.

    Me quedo con esta frase grandiosa: "En ninguna civilización moderna se le permite mayor desarrollo a la fuerza bruta que al coeficiente intelectual"

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  2. No siempre los actos buenos tienen un resultado agradable, no es asi? me ha gustado bastante, esperemos tu siguiente relato, felicidades

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  3. tengo una duda, ¿Porque Cuervo no asistió al funeral de Heath Legder? XD OK PESIMO EH

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    Respuestas
    1. No asistió debido a que, en la escuela de supervillanos, Ledger le pegaba sus coscorrones a Cuervo, por lo que nunca se llevaron bien.

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