Los Boras eran una milenaria tribu aborigen que habitaban a las horillas del lago Esfres, durante generaciones, nacían y vivían sólo para pescar, sembrar y cazar dentro de su enorme territorio, sin embargo los Boras, al ser una comunidad totalmente comprendida de obreros, carecían de guerreros capaces de enfrentar a las más brutales bestias, en especial a Zhank, una misteriosa, salvaje y despiadada criatura que había aterrado a los antepasados Boras y que habitaba más allá del muro de rocas, la línea que separaba el territorio Bora del tierras de Fasi.
Los Fasi, por su parte, eran una horda guerrera y belicosa, capaz de sembrar dolor y pánico a cualquier comunidad, por genética eran en promedio treinta centímetros más altos que sus vecinos del lago y sumamente violentos en su accionar. Afortunadamente, desde hacía cientos de años, los Boras habían pactado con los Fasi una tregua y un intercambio, pues con la condición de ser protegidos día y noche de Zhank, los Boras entregarían la mitad de su cosecha a la horda Fasi. Así pues, durante muchos años ambas comunidades vivieron en paz, aunque, con el paso del tiempo, la horda Fasi se había vuelto autoritaria y exigía las provisiones con lujo de violencia, llegando a convertirse todo en una especie de colonia.
Rebu era hijo de Robam, uno de los más conocidos cazadores Boras, a la edad de veintiséis años se había hecho un nombre entre sus compañeros de oficio y la comunidad en general, sin embargo, aún seguía temiendo a las bestias más allá del muro de rocas, por lo que jamás puso objeción a entregar la mitad de su cacería a la horda protectora.
—Esta tarde ha sido magnífica, hemos cazado muchísimos ciervos.— dijo Rebu a Yoma, su esposa.
—Oh mi amado esposo, si sigues así, pronto serás el mejor cazador de toda la tribu.—
—Aún me falta mucho para ser tan buen cazador como mi padre, y entre los doscientos cazadores hay muchos muy buenos todavía.— Rebu era modesto.
—Pero algún día tú serás el mejor, yo lo sé, de él has aprendido todo y aún posees la juventud.— lo animó Yoma.
Al caer la noche, Rebu durmió y tuvo un interesante sueño, estaba mirando a su padre frente a frente, después de balbucear varias palabras, Robam puso una mano en su hombro.
—Conocimiento, conocimiento, conocimiento.— gritó Robam con eco.
—¿Qué has dicho, padre?—
—Conocimiento, conocimiento, ahora es tuyo, siempre puede serlo.— Robam se esfumó y desapareció dejando a Rebu con una enorme lanza en las manos y logrando cazar, en un solo día, más de diez mil ciervos.
Cuando sus compañeros de oficio le felicitaron, él sólo atinó a decir —Ha sido mi padre, él me lo ha enseñado todo.— y despertó.
Agitado, Rebu cayó en cuenta que, aquel extraño sueño, había sido una revelación de los dioses que habían hablado a través de su padre. Al día siguiente, se reunió con sus compañeros y les habló con fuerza.
—¿Por qué, hermanos? ¿Por qué los Fasi nunca nos han enseñado a pelear con Zhank? Durante mucho tiempo, hemos vivido a sus pies, alimentándolos y ellos, lo único que nos dan es su supuesta protección. Si ellos ya nos hubieran enseñado a pelear como un padre enseña a su hijo a cazar, a pescar o a cultivar semilla, juntos nos habríamos librado de Zhank desde hace mucho, ¡Qué nos enseñen a defendernos!— animó Rebu al resto de sus compañeros cazadores.
—¡Si! ¡Qué nos enseñen!— era el grito al unísono de toda la comunidad.
Los cazadores se olvidaron del trabajo y caminaron todo el día guiados por Rebu hacia al muro de piedra, donde una guardia de treinta guerreros Fasi se encontraban comiendo y bebiendo. —¿Qué hacen aquí Boras?— dijo con voz hueca uno de los guerreros.
—Venimos a que nos enseñen a pelear con las bestias.— gritó Rebu.
Los bárbaros se miraron entre sí y una ola de carcajadas se dejó venir. —Ustedes no pueden pelear, Boras, son débiles, son pequeños. La bestia se los comería antes que siquiera puedan llorar de miedo.—
—Pero…— Rebu intentaba responder.
—¡LARGO!— interrumpió otro Fasi. —Tú no sabes pelear y si lo intentas mueres, Zhank cenará Boras esta misma noche si quieren ir a pelear con ella, la bestia es feroz, la bestia come rocas, ustedes Boras no podrían con Zhank porque son débiles.— más burlas y risas se escucharon entre los Fasi.
—Más vale que se vayan de aquí Boras, si no quieren que los matemos por no estar trabajando, vayan a seguir cultivando que esas plantas no se cosecharán solas.— dijo el más joven de los Fasi, un muchacho que en su cara no parecía ser mayo que Rebu, pero en estatura lo superaba por dos cabezas.
Los Boras sintieron miedo y, cabizbajos empezaron a caminar en dirección a casa, Rebu no sabía cómo animarlos de nuevo, hasta que a su mente llegó algo inesperado —“Bestia, Zhank, bestia.”— pensó y, luego de uno momento de shock, volteó a ver a los Fasi y gritó —¿Cómo es la bestia?— La sonrisa se borró de los labios Fasi y se miraron de nueva cuenta entre sí, ahora lleno de duda. —Lo he preguntado ya, ¿CÓMO ES LA BESTIA ZHANK?—
—Es verde y se arrastra sobre su vientre.— dijo un guerrero.
—Es blanca y vuela por los cielos.— aseguró otro al mismo tiempo.
—Es gris y con una enorme nariz y colmillos.— gritó uno más. En poco tiempo, el desacuerdo entre la horda de Fasi era enorme, no lograban coincidir en el aspecto del famoso Zhank.
—¡Nos han engañado hermanos!— los Boras miraron a su líder de expedición —¡No existe la bestia Zhank! Estos sujetos sólo se han alimentado de nosotros en base a miedo y perdición, inventan historias de una supuesta bestia que vendrá por nosotros y juran protegernos, cuando no es así.—
Los Fasi se empezaron a asustar al ver su mentira descubierta y decidieron huir del lugar cuando los cazadores Boras se llenaron de una ira iracunda propiciada por Rebu. Con palos y piedras los Boras persiguieron a los bárbaros entre las praderas de sus tierras, al superarlos en número seis a uno, pudieron usar sus técnicas de cacería para hacer caer a cada uno de los guerreros, en tan sólo dos horas, la guardia Fasi había sido exterminada.
Rebu sabía que aún quedaban muchos guerreros Fasi más allá del muro de roca, pero los Boras eran más y tenían la ira de su lado. —“El miedo encuentras su final en el saber, ya no tenemos miedo, ni de la bestia ni de los Fasi”.— pensó Rebu. —“Ahora debo pensar en otra forma de levantar la ira del pueblo para no volver a sentir miedo.”—

De tus mejores relatos sin duda eh!!!
ResponderEliminarWuauu, que tu imaginación ha volado y vaya que aterrizó majestuosamente.
Fue pertubadora la forma en que manejaste dialogos, situaciones, personajes, climax y final, uno reflexivo como ya es coStumbre en ese estilo tan distintivo de escritor que te estas arando.
Suena a fabula o reflexion y eso no cualquiera eh, me ha parecido bueno el titulo, pero vaya, porque la ira? ese suele ser un sentimiento destructor, pero viendo mas de cerca la situacion en que se encontraban los pobres boras pues si es de esperarse.
Como siempre dejas cosas que pensar para tus lectores, me incluyo, te ganaste un mega 10!! enorme, fascinante eh, ahora se que tu nunca fallas :)
No me queda mas que decirte que deseo que triunfes en esto, es lo que haces muy bien, tu talento es obvio, salta a la vista con rapidez, quiero que dentro de poco tiempo la gente reconozca quien eres, todo un orgullo, por ahora para Cuentilopolis, mañana para el mundo :) SIGUE ASI
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