miércoles, 24 de octubre de 2012

Discusiones I: La Taberna.

La espesa espuma subía por el grueso tarro de vidrio hasta casi derramarse, el olor, la textura y el calor, provocaron en Alicia una sensación de humedad en su boca.

—Son sesenta pesos.—

El tabernero la miraba con ceño fruncido, como si alguien lo hubiese hecho enojar aquella noche, era un hombre gordo de piel morena tostada y una nariz ancha llena de venitas rotas, su cabeza calva reflejaba la tenue luz del único foco que alumbraba aquel pequeño lugar.



—A menos que sepa a meados de ángel, dudo mucho que valga la pena.— recriminó Alicia arqueando las cejas. De todas maneras sacó un billete y varias monedas de su bolsillo y se los entregó al malhumorado anfitrión, quien sólo se limitó a bufar y seguir limpiando la barra.

Si bien la cerveza era buena y sabía muy bien, a Alicia le seguía pareciendo una exageración el costo, además no tenía mucho dinero, por lo que decidió beber despacio y disfrutar cada sorbo mientras veía su reflejo en uno de los ceniceros, su piel era blanca como la leche, casi pálida, sus ojos negros profundos denotaban un misticismo poco común, hacían parecer que escondía algo, su cabello era negro como las crines de un azabache y un poco descuidado, aún así seguía considerándose muy bella.

—¿Quién atiende aquí?— gritó un joven recién llegado, parecía agitado y, a juzgar por el movimiento de su mano derecha a modo de abanico, moría de calor. —¡Necesito algo de beber!— las palabras se atoraban en sus labios, parecía tener la garganta y la lengua demasiado secas, era un horno allá afuera.

—Toma...— dijo Alicia sin voltearlo a ver.

—¿Cerveza? Bueno, gracias, pero no tomo.— el joven entrecerró los ojos —Agradezco tu amabilidad. ¡Un refresco! De naranja de preferencia, por favor, lo necesito.— le dijo al tabernero malhumorado mientras se sentaba en el banco justo a la derecha de Alicia.

La chica sonrío para sus adentros. —"¿Un hombre que no toma?" — pensó —"¿Qué sigue? ¿Una chica sin maquillaje?"— y dio un trago más a su costosa cerveza.

—Hey, señor, ¿Puedo prender tu televisor?— preguntó el joven recién llegado. El tabernero torció la boca y hurgó entre unos cajones, sacó un control remoto y encendió un viejo televisor de los años '90, grande y estorboso, ni siquiera preguntó qué era lo que querían ver, así que volvió a guardar el control remoto.

Se transmitían noticias nacionales a esa hora, el joven recién llegado bebía con rapidez su refresco anaranjado, mientras cada dos o tres segundos giraba el cuello de un lado a otro y se echaba más aire a sí mismo con la mano. —Menudo infierno...— maldijo, pero Alicia lo ignoró.

—Les informamos que la Avenida Independencia así como el Paseo de los Leones han sido bloqueados por manifestantes... — anunciaba una mujer en la televisión — Desde hace más de una hora se ha generado un caos vial en dos de las más importantes zonas transitables de la ciudad, por lo que les sugerimos buscar alternativas para...—

—Estúpidos.— dijo en voz muy queda Alicia, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras su mirada se mantenía fija en la cerveza restante dentro de su tarro.

—¿Perdón?— preguntó el joven acalorado, sus ojos café oscuro apenas se veían entre aquellos párpados entrecerrados, realmente parecía haber calado hondo una simple palabra. —Perdona que te lo diga, pero esos jóvenes están levantando la voz del pueblo, están defendiendo sus derechos, ¡Brindis por ellos!— bebió el resto de su refresco. Alicia se encogió de hombros y fingió no tomar en cuenta lo que había escuchado, pero el joven interpretó el silencio y, con una sonrisa, se dirigió a ella. —¿Por qué crees que son estúpidos?—

Alicia suspiró, dio un trago más a su bebida y se aclaró la garganta. —¿Has visto alguna vez a un sistema caer en base a una marcha?—

—Una marcha es la unión de un pueblo para hacerse escuchar, no se trata de derrocar al sistema sino hacerle saber que el poder está en nosotros, que se den cuenta que si nosotros queremos haremos caos y toda su red de mentiras, intrigas, chantajes y corrupción, se caerá.—

—No has respondido mi pregunta.— el tono de voz de Alicia era solemne.

Su interlocutor carraspeó un poco —Bueno, no exactamente, pero las marchas han sido el indicio de varias revoluciones, el pueblo empieza a hacerse notar y, cuando te das cuenta, la justicia prevalece.—

—Hay un largo trecho entre un grupo de manifestantes asociales molestos —levantó la barbilla en dirección al televisor —y un puñado de revolucionarios con convicción.—

—¿Porqué defiendes al corrupto sistema?— la voz del joven empezaba a sonar molesta.

—No lo defiendo.— Alicia se acomodó en su asiento y se colocó de frente al chico acalorado. —No creo que haya nadie en esta ciudad que esté más en contra del gobierno corrupto y el sistema jodido.—

—¿Entonces?—

—Vamos, pienso que esta guerra fría pueblo contra sistema ha sido muy mal llevada, ¿cómo vas a encender la ira del pueblo contra su gobierno evitándoles volver a casa luego de un arduo día de trabajo? ¿O pintando sus paredes con graffiti? En todo caso, la gente terminará ofendida en contra de quienes, en teoría, llevan la causa justa.— el joven meditó un poco y Alicia continuó hablando — Al final del día, aquel pueblo que podría apoyarte por considerar que tus valores son incorruptos y tus razones leales, terminará repudiándote, el caos nunca ha sido la mejor herramienta para combatir al caos.—

Luego de un par de segundos, el joven por fin volvió a hablar —Entiendo tu postura, pero ¿qué propones? Es demasiado fácil quejarte de quienes se atreven a jalarle las barbas al titán.—

—Cualquiera con dos dedos de frente entendería lo que te he explicado, el problema es que la valentía normalmente viene mezclada con estupidez.—

—Ahora la que no me responde eres tú...—

Alicia sonrió, el joven la miraba con semblante de esperar algún otro argumento que rebatir —Huelga de hambre.— dijo por fin y bebió su cerveza hasta el final.

—¿Huelga de hambre?— preguntó el muchacho confundido.

—Sí, una huelga de hambre.— la voz de Alicia sonaba segura —No hay nada más conmovedor que una o más personas reducidas a simples huesos vivientes, sufriendo en el anonimato por una causa que considera completamente justa, porque, claro, ¿Quién arriesgaría su vida sin una razón poderosa?— Los ojos del muchacho se abrieron como platos, sus labios abrían y cerraban sin emitir palabra. —Ese, amigo mío, es un espíritu revolucionario, las marchas y las paredes pintadas son vandalismo que quiere venderse como justicia y, para que se haga justicia debe haber dolor, ¿o qué opinas?—

El rostro del joven poco a poco volvió a la normalidad, una sonrisa estúpida se dibujó en su rostro, movió la cabeza, miró el suelo, luego el techo y luego a Alicia. —Mi nombre es Bernando.— fue lo único que pudo decir.

1 comentario:

  1. VAYA DE VUELTA!!

    tus relatos son siempre bien realizados, se que te gustan las discusiones y hacer historias sobre eso está fantástico :D .

    Me gustaron los personajes, son buenísimos, con personalidad propia y eso los volvió interesantes.

    El tema de la taberna fue un plus que me llegó a la escena, no se fue chido, como si estuviera ahi escuchando la platica, vaya que es hermoso que por fin escribieras, significa que ya estas mas relajado, que bien, Cuenti y tus fans te lo van a agradecer porque eres el mejor.

    Buen relato, buen tema, excelente historia, me gustaron tus personajes y muchos :D

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