— ¡Lo golpeó hasta casi matarlo! Jamás había visto a una bestia más infame, este sujeto es un asesino, es un monstruo. — dijo el testigo en su declaración, sentado en el lugar del acusado estaba Jack, un hombre de aproximadamente cuarenta años, alto, fuerte y... blanco. Se le acusaba de haber llevado a cabo actos racistas en contra de Joaquín Reyes, un inmigrante mexicano, durante una festividad local.
— ...y dígame señor González, — dijo el fiscal al testigo en turno — ¿Qué palabras gritó el acusado mientras golpeaba al señor Reyes?
— Fueron varias señor abogado, pero sobretodo lo escuche gritar "pendejo", "frijolero" y "latino de mierda".
— Su señoría, no tengo más testigos que los presentados, las pruebas son contundentes, solicito que se tome una decisión de inmediato. — expresó el fiscal al juez a cargo. Nadie en la sala dudaba que Jack Marshall pasaría un largo tiempo en la cárcel, había cuatro testigos que habían declarado de manera detallada la tremenda golpiza que había recibido el señor Reyes de parte del acusado y, además, cerca de catorce personas habían enviado un testimonio por escrito poniendo aún más difíciles las cosas para Jack.
— El acusado se ha negado a tener un abogado y ha decidido que quiere defenderse solo, así que, si el señor Jack Marshall tiene algo que decir, deberá hacerlo ahora. — dijo el juez esperando alguna reacción del acusado, este se puso de pie, volteo hacia el estrado y dijo:
— Si me declaran culpable... ¡ÚSTEDES SERÁN LOS RACISTAS! — la sala entera se llenó de ruido, la comunidad latina se sintió ofendida y empezó a gritar toda clase de insultos en contra de Jack, el jurado empezó a murmurar entre sí haciendo pensar que el veredicto sería tomado con demasiada facilidad.
— ¡Orden en la sala! — exclamó el juez — Puede continuar señor Marshall, — le otorgó la palabra a Jack que, luego de aclararse la garganta, empezó un largo discurso.
— Como escucharon, señores del jurado, si mi piel en vez de blanca fuera café, ¿estaría acusado en este momento?, si en lugar de nacer en Estados Unidos hubiera nacido en México, ¿sería mutilado por la prensa internacional como lo estoy siendo hoy en día?, cuando se trata de racismo la situación es muy difusa, mis antepasados cometieron muchos errores y, ahora, soy yo quien los está pagando. De todas las personas aquí presentes nadie sabe lo que realmente pasó o, simplemente, no están contando lo que a ellos no les conviene que se sepa, se me acusa de haber golpeado a Joaquín Reyes sólo por ser mexicano, cuando la realidad es muy distinta — la gente en la sala parecía confusa —. Reyes y yo nos conocemos del trabajo desde hace más de tres años y nunca había convivido con su comunidad hasta el día del incidente, como es común en las personas provenientes de Latinoamérica se me trató bastante bien al principio, hicimos muchas bromas e incluso me obligaron a comer un poco de su salsa picante, lo cual pareció causarles mucha risa, recibí muchos apodos como "Güero chillón" y "Mister Colorado", supongo que por el color que tomé cuando me enchilé. Hasta ese momento no había ningún problema, sin embargo, la conversación con Reyes se volvió un poco más personal, comenzó a interrogarme acerca de mi familia y mis orígenes, me sentí realmente en confianza rodeado de personas tan amables y frente a un sujeto tan atento que, por primera vez en muchos años, creí que había encontrado un amigo, así que no vi ningún problema en revelarle que... soy homosexual. — la gente en la sala se quedó sin palabras, mientras Jack continuó su discurso — Jamás creí que revelar mi orientación sexual en aquel sitio tan ameno sería equivalente a ser judío en tiempos de Hitler. Reyes empezó a gritar en voz alta acerca de mi situación y se refirió a mí como "el gringo puto" ante la algarabía y las burlas de más de uno en esta sala, los hombres empezaron a agredirme verbalmente con insultos tan duros que me apena recordarlos, las mujeres repetían una y otra vez el desperdicio que les parecía como hombre. No era la primera vez que recibía este tipo de burlas así que pude soportarlo hasta que, de la nada, Reyes dijo algo que me pareció irascible: "SI DIOS EXISTIERA NO QUERRÍA A LOS PUTOS". En ese momento no pude contener mi ira y lo golpee, perdí el control tanto de mis puños, como de mi lengua, me arrepiento de todo lo que dije y me arrepiento también de haber golpeado a Reyes hasta casi asesinarlo, pueden insultar mi nacionalidad, pueden insultar mis preferencias sexuales pero, nunca, por el amor de Dios, se atrevan a cuestionar la existencia de mi salvador.
— ¿Cuestionar la existencia de Dios? — dijo el Juez impresionado, mientras el jurado no daban crédito a lo que habían escuchado.
— Eso es todo lo que tengo que decir, señores del jurado, decidan ustedes. — los encargados de tomar la decisión partieron a un salón privado, Jack agachó la cabeza y empezó a orar. Media hora más tarde el jurado regresó con el veredicto.
— Su señoría, el jurado encuentra al señor Jack Marshall... inocente de todos los cargos imputados. — el juez dictó sentencia ante el descontento de los asistentes y Jack suspiró mientras agradecía al cielo haberse salvado de la situación.
Mientras tanto, en medio de la concurrencia, un niño le preguntaba a su madre. — Mamá, ¿Porqué lo han declarado inocente? Es el tipo que casi mata a mi papá.
— Hijo, en ocasiones no importan tus hechos, sino tus palabras. Hay veces que un idiota logra convencer a otros idiotas para que piensen igual que él y, la mejor arma para convencer idiotas, es eso que llaman Dios.

Una forma muy aplaudible en como le diste vuelta a la situacion tres veces, me ha encantado a pesar de ser tan corto :) muy bien, es obvio que lo tuyo son los dialogos, dramaturgo quiza, :) me ha encantado mucho la verdad
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