martes, 26 de febrero de 2013

Kilómetro 54.


La neblina espesa le daba un tétrico y siniestro toque a la solitaria carretera, Creta detuvo su pequeño automóvil de lujo al sentirse desorientada, bajó del vehículo para estirarse un poco mientras observaba detenidamente un papel por unos instantes hasta que el sonido de un auto en sentido contrario la distrajo.



—¡Alto! ¡Ayuda!— gritó con desesperación, pero el auto ni siquiera redujo su velocidad y se alejó de ahí, ella volvió a su auto, tomó un bastón color morado que estaba en el sillón de atrás y guardó el papel en su bolsillo trasero.

—Parece que está perdida señorita.— se escuchó la voz de un campirano que salía al lado del camino.

—Sí, un poco...— respondió Creta con un gesto de ligera confusión, contuvo el aliento durante unos segundos y luego continuó hablando. —¿Usted... usted sabe cuánto falta para llegar al kilómetro 54?

Una mueca desagradable se formó en el desaliñado rostro del extraño campirano intentando dibujar una sonrisa, sus ojos eran claros y su piel demasiado amarilla para considerar que llevaba la sana vida de una persona en el campo. —Es justo aquí, señorita.— respondió el sujeto con marcado acento —Pero... ¿qué hace a estas horas de la tarde a solas una guapa muchachita como usted en estos horribles lugares?

Creta sonrió con simpatía —Estoy buscando a la familia de mi madre, supe que vivían cerca del kilómetro 54 y... bueno, atravieso por un momento de auto-descubrimiento, por lo que conocer parte de mi pasado no me caería mal. — volvió a sonreír.

—Pues será mejor que los encuentre rápido o se vaya lo más pronto posible de aquí, estas tierras están malditas.—

—¿Malditas?— soltó un bufido —¡Por favor! ¿En qué siglo cree que vivimos?—

La mirada del campirano se tornó siniestra, las pecas en su rostro y el cabello como paja sucia le daban un aspecto indefenso, pero los enormes músculos y la considerable estatura hacían pensar que, de perder el control, sería alguien que daría muchos problemas. —Mire señorita...— dijo con el acento típico de una persona de campo —Usted no es nadie para venir a mi tierra a burlarse de lo que creo.—
 

El rostro de Creta se endureció, balbuceó un poco y por fin pudo emitir palabra —No... no, no era mi intención molestarlo señor, es sólo que... bueno, hábleme de las maldiciones.—

—No hay maldiciones, sólo una...—

—Bien, quiero escucharla.— mintió.

—Verá, señorita, que en este lugar, las mujeres como usted no son bienvenidas. ¿Se pregunta porque estas tierras están desiertas? Pues porque aquí vive el mismo demonio, y el demonio odia a las mujeres, hace no mucho tiempo había una pequeña población aquí, no más de trece familias formaban una comunidad que lejos de vivir en lujos, no necesitaba nada de las grandes ciudades.— el campirano escupió a un lado y se aclaró la garganta —Entonces, un día, el demonio apareció... primero se llevó a la hija del señor Rosas, la encontraron nueve días después, no tenía brazos y su espalda había sido marcada en muchas ocasiones por un fierro incandescente, después... la hija menor de Silvia Strank, tardaron tres semanas en encontrarla, aunque sólo hallaron de la cintura para arriba, estaba llena de cicatrices de látigo, el demonio es muy cruel y sádico señorita, uno debe tener cuidado para no hacerle enfadar.—

—¡Esas han sido cosas horribles!— exclamó la chica con rostro de un exagerado asco y terror. —¿Quién pudo ser capaz de cosas así?—

—¡El demonio, señorita! El demonio... — la mirada del campirano era muy oscura y sus palabras cada vez dejaban de tener el acento característico —Después, se llevó a la joven esposa de Ethan Prospinni, una mujer alta, delgada y hermosa, muy parecida a usted si puedo decirlo, en sus ojos ardía el fuego del mismo infierno, cuentan que el demonio se enamoró tanto de ella... que no sólo la poseyó, sino que después de aquello se la comió, entera.—

Creta pasó saliva con desagrado —¿Porqué dicen eso? ¿Cómo lo saben?— sostuvo fuerte su delgado bastón morado.

El campirano se encogió de hombros —Jamás encontraron sus restos, eso sucedió hace apenas cinco meses, Ethan Prospinni era el dueño de la gasolinera de paso, trajo a su esposa de la gran ciudad, cuentan que planeaba construir un hermoso hogar en este embrujado sitio, lo único que hizo fue encontrar la muerte de su amada... el hombre se fue y no se ha sabido nada de él. La poca gente del pueblo siguió su ejemplo y desde hace un par de semanas, la última familia se alejó de este terrible lugar. Debería hacer lo mismo señorita, nunca se sabe cuando... el demonio puede estar cerca.— dijo el campirano bajando la mirada y caminando lentamente hacia ella.

Creta se pegó de espaldas contra su auto y respiró agitadamente, con mucho sigilo abrió la puerta.

—¿Se va? Quizá sea mejor que pase la noche aquí, no es bueno tentar a... el demonio.— dijo el campirano estando a sólo unos centímetros de ella, su aliento olía a alcohol y su rostro estaba carcomido por la edad, el calor y el descuido. —Es usted una mujer muy bella, señorita... ¿Cuál es su nomb...?— Ni siquiera pudo terminar de preguntarlo.

Un rodillazo directo en el abdomen hizo que el campirano perdiera el equilibrio, Creta lo golpeó en el rostro con otro rodillazo y se metió en su auto, el campirano se levantó entre maldiciones e insultos, tomó una piedra y rompió el vidrio del copiloto en el auto de su víctima pero... —¡Ahhhhhh!— un desgarrador grito se ahogó en el atardecer del kilómetro 54, Creta había disparado un arma de shock eléctrico contra el demente que cayó entre convulsiones al piso, con una agilidad impresionante salió por la ventana con el vidrio roto y clavó un extraño artefacto en el muslo del campirano, lo atravesó por completo y luego lo arrastró.

No supo si había sido el dolor, los golpes o la sangre en la cabeza, lo que había hecho que el campirano recuperara el conocimiento. —¡Hija de...! ¡Aaaaaaaahhh!— gritó de nueva cuenta al sentir un desgarrador dolor proveniente de su muslo derecho, estaba completamente perforado y de ahí salía un grueso cable de acero que había sido colocado a modo de polea sobre una gruesa rama de árbol. —¡Bájame de aquí! ¡Bájame!—

La chica sonrió, se agachó, tomó una piedra y la arrojó contra la humanidad del campirano. —Dígame señor, ¿Está disfrutando un poco de esta humilde exposición de lo que usted hacía a sus víctimas?—

—¡Cuando baje de aquí, te juro que me voy a comer tu cabeza en pozole, maldita bastarda!—

Creta ni siquiera se inmutó, sacó de su bolsillo trasero un arrugado papel y lo leyó —"SE BUSCA, VIVO O MUERTO.  Acusado de haber asesinado a más de doce mujeres en los últimos cuatro años, entre ellas a Amanda Leyva, esposa de señor Ethan Prospinni, quien ofrece esta jugosa recompensa por la vida de este terrible criminal".— miró al campirano a los ojos —Y este de la foto se le parece mucho a usted, señor.—

—Eres una maldita desgraciada, ya verás lo que voy a hace... ¡ahhhhh!— volvió a ahogar su grito cuando Creta lo golpeó en el muslo perforado. La bestia temible ahora parecía más bien un sapo grande atrapado en las redes de una temible viuda negra.

—Me encantaría divertirme más con usted, señor.— dijo la muchacha con fingida inocencia —Pero debo irme, está empezando a oscurecer y no vine preparada para pasar una velada helada.—

Las lágrimas empezaron a correr en el rostro del asesino, ya había dejado de pelear, había perdido mucha sangre y el dolor era tan insoportable que sentía que se desmayaría. —Por favor, perdón, no quise hacer todo lo que hice, bájame de aquí, por favor, yo mismo me entregaré, ten piedad.—

—Señor... — respondió con seriedad—Quisiera poder ayudarlo pero... la recompensa.—

—¡Te la darán de todos modos! El mensaje dice "vivo o muerto", por favor, bájame de aquí.—

Una sonrisa se dibujó en el perfecto rostro de Creta —Y muerto es la mejor opción, pero el señor Prospinni pidió una prueba de la hazaña antes de entregar la recompensa.—

—¿Una prueba?— preguntó con sus últimas fuerzas —¿Qué prue...?— de nuevo se vio interrumpido cuando Creta abrió su bastón morado y reveló un delgado pero afilado sable que, con un solo tajo, separó la cabeza del campirano a varios metros lejos de su musculoso y debilitado cuerpo.

La tomó por los cabellos sin la más mínima repulsión, no dejaba de sonreír, la miró a los ojos y dijo —Es hora de irnos señor, porque la noche ya ha caído y dicen que estas tierras están malditas.

2 comentarios:

  1. :O un relato estremecedor, creo que es la primera vez que leo algo tuyo donde la mujer es la forma malvada, me ha gustado muchisimo, al final ese hombre horrendo tuvo un poco de lo que merecía, creo que ya extrañaba leerte Aeron, eres excelente, mas para relatar morbosidad, te ganaste un diez y un dolor estomacal de mi parte, gracias por brindar un poco de lo que tu loca mente imagina, cuídate y nunca te olvides de hacer lo que hace sentir bien.

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  2. No pongo errores porque simplemente no los tiene ;)

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