21 de agosto del 2013, hace ya un mes desde que la perdí, desde que se fue de mi lado, desde que mi corazón se rompió. Aún recuerdo aquel fatídico día, la noche lluviosa, el pavimento mojado, habíamos estado hablando por semanas acerca de vivir juntos por fin, estamos a punto de iniciar una nueva vida y fue la misma vida que con su final la arrebató de mi lado.
Recuerdo tu bello rostro iluminarse cuando te entregué el anillo que sellaría nuestro íntimo pacto para toda la eternidad, que nos volvería uno, que terminaría por unir nuestras vidas en una sola hasta alcanzar el máximo punto de la felicidad, entonces sucedió.
Han sido largos días, llenos de frío y dolor, de angustia y melancolía, de simple tristeza por saber que, lo maravilloso y perfecto que pudo ser, nunca sucedió y nunca sucederá. Pero todo cambió luego de esta mañana, mientras hacía mi paseo matutino escuché que murmuraban cerca de la panadería, "...dicen que al caer la noche pasa caminando por el parque sin mirar a los lados, que su ojos son negros y ojerosos y que sólo se sienta en la misma banca junto al farol durante varias horas sin moverse de ahí, si intentas hablar con ella simplemente se va". ¿Será posible? Me pregunto a mí mismo, ¿Será acaso de ti de quien están hablando? No lo sé pero la noche está a punto de caer y yo lo voy a averiguar.
Ya dieron las nueve y las diez de la noche y el parque sigue tan solitario como en el momento en que llegué, la luz de los faroles alimenta un romántico ambiente que acompaña al sensual brillo de la luna llena, el aroma del pasto y la tierra mojada y la fresca brisa de la noche vuelven casi perfecto el sitio y la situación, sólo faltas tú, pero parece que nunca llegarás.
Entonces apareces, no lo puedo creer, era cierto lo que escuché, estás ahí con tu ropa vieja y desgastada, parece que has perdido peso, tus ojos están negros e hinchados de tanto llorar, tu cabello es largo y enmarañado como jamás te gustó tenerlo y tu piel... tu piel es mucho más blanca de lo normal, muy pálida. Caminas sin mirar a los lados, tu andar es ligero y sin ruido, como si estuvieras flotando nada más, te acercas a la banca al lado del farol y te sientas a observar el vacío mientras las lágrimas empiezan a brotar sutilmente de tus lindos ojos.
Me siento a tu lado, siento tu calor cerca de mí, extrañé esa sensación, tanto como extraño cada segundo que pasamos juntos, extraño tus berrinches y tus mentiras, tus besos y tus caricias, tu enojos y tus llantos, extraño despertarte cada mañana con una llamada e irme a dormir cada noche con tu "dulces sueños", te extraño como no te imaginas amor de mi vida, quiero estar contigo de nuevo y poderte dar la maravillosa vida que tanto te prometí.
Te quiero tomar de la mano, te quiero besar y abrazar, susurrarte al oído que todo estará bien pero, tengo miedo, tengo miedo de esta situación, te amo pero ya no estamos en el mismo plano, lo que fuimos ya no es más, nuestro futuro ya no existe y es momento de partir, debo dejarte continuar, debo dejarte ser feliz en esta vida porque, la mía, hace ya un mes que terminó.
Adiós, mi vida.

Hermoso escrito, de verdad, me has conmovido mucho, no se de donde sacas esas ideas pero en verdad ha sido perfecto, algo olía al final pero no me esperaba eso, que triste situación y que bellas palabras, tu siempre serás el mejor de este blog, lo sabes, lo sé, lo sabe todo el mundo...
ResponderEliminarSolo me queda una duda, ¿alguna vez el protagonista vio una gaviota? ok, no jaja
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