—¡Robo a mano a armada!— gritó estrepitosamente Baltasar, su abundante y enredada barba contrastaba con su cabeza calva, tan brillante como un sol de primavera.
—¿Eso es todo? Tienes que estar bromeado.— replicó Julián, un anciano sin dentadura que parecía tan frágil como el cristal. Decían que aquella imagen amable había sido su cómplice en sus más de veinte violaciones a menores.
—¿Eso es todo? Tienes que estar bromeado.— replicó Julián, un anciano sin dentadura que parecía tan frágil como el cristal. Decían que aquella imagen amable había sido su cómplice en sus más de veinte violaciones a menores.
Baltasar alzó los ojos e hizo un gesto de admitir su verdad a medias. —¡Bah! Asesinato en primer grado, si el perro no se hubiera resistido yo seguiría en las calles y él seguiría vivo.— su repugnante risa contagió al resto de los reos que acababan de arribar a la nueva prisión de San Claudio.
El grupo parecía por demás estremecedor, violadores, ladrones, asesinos, traficantes, cualquier clase de criminal sería hospedado en la nueva cárcel que ya tenía la fama de ser la más segura y moderna del continente. Baltasar se bajó los pantalones y agitó su cuerpo fingiendo tener una relación sexual, cosa que a todos los presentes parecía divertirles pues las risas y los gritos eran tan ruidosos que se tornaban insoportables. Sólo un individuo parecía no encajar en la plática grupal.
—¡Hey! ¡Tú! — gritó Baltasar mientras se volvía a poner los pantalones, caminó hacia el sujeto que se sentaba lejos del grupo mirando al vacío con semblante de melancolía. —Oye, ¿porqué no te unes a la fiesta?— Durante unos segundos no recibió respuesta, así que intentó nuevamente. —¡Te estoy hablando!— el reo se volteó y sus miradas se cruzaron por un momento que pareció eterno.
—¿Qué es lo que quieres?— preguntó el reo que llevaba bordado en su uniforme el número 1427.
Baltasar volvió a dejar salir su gutural carcajada mientras alentaba a los demás a acercarse ahí. —Vamos viejo, no tienes por qué estar aquí, lejos, vamos a pasar mucho tiempo encerrados así que lo mejor es conocernos bien, ¿no es cierto chicos?— la respuesta fue un grito al unísono y varios insultos proferidos de boca de los más de veinte prisioneros de San Claudio. —Estamos contando historias...— dijo Baltasar —...nuestras historias. ¿Porqué no le cuentas a esta tunda de malnacidos cuál fue el crimen que te trajo a este lugar?—
El prisionero lo miró sin sonreír, luego volteó a ver a los demás y permaneció en silencio. Poco a poco los ánimos se fueron aligerando, ya nadie gritaba ni vociferaba, sólo observaban al reo que los analizaba como si se tratasen de especies raras en peligro de extinción. —Tú...— señaló a un tipo bajito oculto a la sombra de dos obesos prisioneros. —¿Qué fue lo que hiciste?—
El pequeño se abrió paso entre la multitud y levantó una mano con sólo tres dedos en ella —Incendié la casa de mi profesor, perdí estos dedos con la gasolina pero... ¡Valió la pena!— el grito grupal se volvió a escuchar y los ánimos estuvieron calientes de nuevo.
—¿Qué fue lo que hiciste tú?— preguntó el preso 1427 al más anciano de sus compañeros.
—Veintitrés violaciones, cada una más bella que la anterior je, je, je...— se lamió las encías de una manera desagradable. —¿Cuántas pequeños bastardos míos debe haber por ahí? No lo sé... ¡Y me importa un carajo!— las risas fueron tales que el propio sujeto extraño del 1427 bordado empezó a reír.
—Bien, bien, basta de preguntas princesita, ¿Por qué estás aquí tú?— preguntó Baltasar.
La sonrisa se borró del rostro del prisionero y después de un momento de incómodo silencio, finalmente dijo —Por amor.—
La confusión invadió a sus compañeros, se miraron unos a otros sin saber que decir hasta que Julián empezó a reír y todos fueron siguiéndolo poco a poco. —Esa es... una historia que me gustaría escuchar.— dijo el anciano.
—Es un poco larga.—
—¡Tenemos todo el día! No creo que podamos salir hoy...— exclamó un reo provocando más risas en el grupo.
El prisionero 1427 suspiró muy profundo —¿Por dónde empezar?—
—Háblanos de la chica...— propuso Baltasar con marcada perversión en su voz. Los demás en coro apoyaron la moción.
—Ella era... la mujer más hermosa que puedan imaginar.— volvió a suspirar —Sus ojos eran color miel, brillaban como dos luceros de medianoche, su aceitunada piel invitaba a recorrerla con las manos de arriba a abajo y su sonrisa, ¡oh su sonrisa!—
—Para el parloteo... ¿Era sensual?—
Por un instante el rostro del prisionero se tornó denso, después se relajó y sonrió —La mujer más sensual que pudieras imaginar.—
La multitud armó un alboroto que fue calmado por un fuerte grito de Julián.—¡Déjenlo continuar! — con un gesto de cabeza cedió la palabra de nuevo al 1427.
—En verdad que era la mujer perfecta para mí, la amaba con locura, desde el primer momento en que la vi supe que era la mujer que quería a mi lado por el resto de mi vida...— una mueca de dolor se formó en su rostro. —Me... me costó mucho trabajo, mucho en serio, pero tomé el valor para acercarme a ella, la enfrenté cara a cara mientras leía un libro sentada en una banca cerca de la fuente del ayuntamiento, mi voz temblaba pero pude presentarme. Desde ese día la fui conociendo poco a poco, la invité a salir varias veces, ¡Dios! Nos la pasábamos de maravilla, ella sabía cómo divertirse y yo... yo tenía tanto que aprender.
—¡Y entonces te la follaste!— intentó adivinar otro preso más, un hombre obeso y de larga melena rizada y enmarañada que no combinaba con las enormes entradas en su frente.
—¡Vamos, vamos!— interrumpió Baltasar —Esta historia parece una de esas películas baratas para muchachitas, seguro se casaron, tuvieron hijitos y entonces ella te puso el cuerno y la tronaste, ¿no es cierto?—
La mirada del 1427 se tornó dura e inclemente. —No, eso no fue lo que sucedió, lo que pasa que ella...— su voz se quebró y por un momento parecía que rompería en llanto. —...ella sentía otro tipo de cariño por mí, ella... no me quería.—
El grupo guardó silencio durante un momento hasta que Julián tomó la palabra de nuevo —Mocoso, querer meterse en los calzones de una perra está bien pero, si ella no quiere hacerlo sólo la violas y la dejas, matarla me parece algo demasiado cruel.—
—Ella estaba enamorada de alguien más...— decirlo fue como recibir cien cuchilladas al mismo tiempo. —Estaba enamorada del sujeto más inepto e idiota que había en el universo, un tipo tan imbécil que se atrevía a despreciar su amor mientras yo ardía de deseo por compartir un segundo con ella. Era frustrante ver como mi amada sufría en silencio los rechazos de aquel que, sin razón ni lógica, la tenía comiendo de su mano. Al principio creí que no duraría mucho soportando a aquel canalla.— una ligera sonrisa se formó en el rostro del prisionero. —Ingenuo yo... creí que si la apoyaba en aquellos días de drama y dolor, si le prestaba mi hombro para llorar, si le demostraba que jamás estaría sola en este mundo, ella por fin comprendería quien quería hacerla tan feliz.—
—Esa es la cosa más estúpida que he escuchado en mi vida.— bufó Baltasar. —Yo habría ido a buscar a aquel malora y le habría roto ambas piernas con mis propias manos, le arrancaría los ojos y después me tomaría una cerveza. Sí, señor, así que como un verdadero hombre consigue a una mujer.—
El 1427 se golpeó los bíceps, primero con una mano y luego con la otra. —Como verás, grandulón, no soy precisamente el hombre más fiero de este lugar, así que ir a golpear al sujeto no era una opción, lo único que me quedaba era consolar a la mujer que amaba hasta que su amargura pasaba, entonces ella era feliz de nuevo, volvía con el idiota, el idiota le hacía daño y ella regresaba a ser consolada nuevamente, era un ciclo interminable y yo no lo iba a permitir.—
—¡Aquí viene lo bueno!—
—Una noche lluviosa me conecté al chat, pues en la televisión no parecía haber nada interesante. Me sorprendió un poco leer un estado triste de la reina de mi castillo así que, sin dudarlo le llamé, sólo para saber si estaba bien.—
—Hey, hola, ¿Estás bien?—
—Hola, sí, estoy bien, ¿Porqué lo dices?—
—Bueno, por lo que leí por ahí, tú sabes... ¿en verdad estás bien?—
—Hola, sí, estoy bien, ¿Porqué lo dices?—
—Bueno, por lo que leí por ahí, tú sabes... ¿en verdad estás bien?—
—Ella rompió en llanto de inmediato.—
—No, no lo estoy, ya sabes, lo mismo de siempre...—
—Empezó a contarme su desventura, el tipo al que ella amaba con desenfreno le había roto una vez su hermoso corazón y, como de costumbre, a mi me tocaba sanarlo nuevamente, fue entonces cuando mi ira empezó a crecer de manera alarmante, escuchar aquel relato caló tan hondo en mi que perdí el control de mis propios impulsos.— el prisionero cerró ambas manos en forma de puños, las venas en su cuello parecían a punto de explotar y su rostro estaba tan congestionado que parecía otra persona. —Me platicó como ella le había propuesto ir de paseo a un parque a las afueras de la ciudad, un sitio hermoso al que yo ya le había propuesto ir en infinidad de ocasiones y siempre, por una u otra razón, no habíamos concretado, el sujeto se burló de ella por querer hacer algo tan estúpido y ella le rogó durante casi una hora para que, al menos, la invitara a comer al restaurante "La Basílica"... aquel restaurante al que la llevé la primera vez que aceptó salir conmigo, una cosa llevó a la otra y terminó platicándome como ella le había cantado por teléfono aquella canción que yo le dediqué unos meses atrás, me lo contaba sin desfacha, como si en verdad no recordara con cuanto sentimiento le hablé de aquella hermosa melodía, para variar, su "enamorado" ni siquiera le había prestado atención... "Eso me hiere como no tienes idea" dijo la ingrata y entonces, ya no pude soportarlo.— Se levantó de un salto y su rojo rostro parecía a punto de estallar. —En ese momento el amor que sentía por ella se esfumó como se esfuma la luz al caer la noche, planeé mi venganza contra esa malnacida, tenía que saber lo que era en verdad sufrir, fui a la cocina y tomé el cuchillo más grande que encontré, el más afilado, tomé las llaves de mi auto y, bajo la torrencial lluvia, me puse en marcha.— a esa altura del relato, ningún preso decía nada, todo era silencio en el lugar y nadie era capaz de interrumpir lo que el prisionero 1427 tenía que decir. —Encendí el estero y puse mis canciones favoritas, necesitaba inspiración para lo que estaba a punto de hacer, entonces sonó aquella hermosa canción, la que con tanto amor le dediqué a la dueña de mis sueños, durante un instante creí que mi deseo de venganza flaquearía pero no fue así, al contrario, mi ira se incrementó aún más al imaginarla cantándole casi al oído "nuestra" hermosa canción a su patán asqueroso. Ya casi no recuerdo que fue lo que sucedió, es como si mi mente nublada y temerosa hubiese sepultado aquellos oscuros pensamientos, todo es muy borroso... lo único que recuerdo es haber tocado su timbre con dificultad, bajo aquella memorable tormenta, ella se acercó a la puerta, imagino que se asomó por la mirilla para ver quién era, al verme ahí afuera su falsa sonrisa se dibujó nuevamente y abrió la puerta para encontrarme cara a cara.— una siniestra mueca de satisfacción se dibujó en la cara del prisionero. —Pagaría lo que fuera por ver el rostro de esa perra nuevamente, como la sonrisa se borró de aquellos labios perfectos, como sus calzones debieron llenarse de mierda cuando vio el cuchillo en mi mano derecha escurriendo entre agua y sangre y, en mi mano izquierda, la cabeza cercenada del pobre imbécil al que ella amaba con locura, la arrojé a sus pies y ni siquiera dije nada, sólo cerré los ojos y disfruté sus gritos de horror durante unos segundos que parecieron gloriosas horas, me pareció escuchar que la perra vomitaba, cuando abrí los ojos estaba desmayada, había intentado huir pero su cuerpo no soportó tan hermoso espectáculo.—
A los presos les tomó unos segundos asimilar lo que habían escuchado. Finalmente, Julián dijo —Creí que la habías matado a ella. ¿Porqué mataste al tipo que tanto la hacía sufrir?—
Una sonrisa voraz iluminó al 1427 —Porque a pesar de todo yo la amaba y, debo decirlo, ya estaba bastante cansado de que un idiota hiciera sufrir a la dueña de mis pesadillas.—

Wow peqeñoso... me sorprende... tu habilidad para r̶o̶b̶a̶r̶ escribir....
ResponderEliminarDeberías escribir una novela sobre mi vida jaja
Muy buenos los diálogos, me gustó, pero reconozco que tuve que permitir que cayera el prejuicio de no-leer-relatos-extensos-en-blogs.
ResponderEliminarUn abrazo.
HD
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar"sólo cerré los ojos y disfruté sus gritos de horror durante unos segundos que parecieron gloriosas horas"
ResponderEliminarEres el perfecto asesino, siempre lo he creido.
Solo que me molestan los comentarios sin sentido en tu maravilloso escrito, creo que si no hay nada que decir mejor no decir nada.
Es un relato muy bien hecho, como todo lo que haces, fue entretenido a pesar de que es largo no lo sentí, simplemente me dejé llevar.
Esa agresión provocada por la euforia fue sublime, le diste vida a ese deseo que muchos tenemos en ocasiones de acabar con ciertas personas, espero no sea tu caso, felicidades Aeron, es excelente y como dijiste una obra maestra.
P.D. Siempre te criticaré tu Arial 5, pero bueno, algún defecto debías de tener ;)